Por supuesto que aquí no es Ibaraki*, Akira. Esto es Lima. Cómo no te diste cuenta antes. ‘Tas loco para recién abrir los ojos, si es que los puedes abrir, chinito, ja ja.
Verdad pes ¿o no me crees?
Siempre debiste saberlo. Te equivocaste de paradero. Tú llegaste a Lima de purita casualidad, porque la cigüeña esa, se cansó de cargarte y te lanzó ‘pa 'ca y tu vieja no te iba a decir que no. No pes, ni modo, ya ‘tabas llegando.
¿Cómo es que te conozco? ¡A mí qué me preguntas broder!. Yo no tengo ni idea. A las justas sé donde estoy parada. Y eso que ni sé. No pues contigo nunca sé nada. ¿Acaso uno quiere saber cosas cuando solo tienes ganas de olvidarlas por completo? Porque yo sí que sé olvidarlas contigo.
Mamá siempre dice que yo me olvido de todo. Que ando distraída. Por las nubes. En la luna. Lo malo es que siempre me dicen en la luna de Paita. Cuando en realidad estoy en la única luna que veo. La de Lima pes ¿no? Y es en esa luna en la que me pierdo contigo.
¿Desde cuándo? Para qué preguntas. Tú lo sabes o me vas a decir que no te acuerdas, Ja ja ja. Tú estabas sentado en una carpeta. Tus manos grababan en ella un nombre. ¿Cuál? Por si acaso, no era el mío, ah. Era el de mi amiga de Dagiana. ‘Tabas templado de ella y necesitabas que te la presentaran. Hasta osito de peluche le habías comprado con tal de que aceptara salir contigo. Ahora que me acuerdo, eras de lo más monse. De lo más palteado pues. Porque cuando te la presenté, no dijiste ni papa. Tú si que eras una palta hecha hombre. Si te hubieras visto, Akira, eras el colmo con eso de los 'roches'. Que no, porque qué vergüenza. Dáselo tú, a ti te conoce, yo mejor te espero aquí.
Y así pues, tanto que esperaste. Nunca la hiciste con ella. Qué cagada. Pero bueno eso fue hace ya más de cuatro años. Osea, hace siglos ¿no?
¿Cuántas cosas sucedieron después? Uff... sí muchísimas. Tardes, noches, amanecidas, mañanas. Desayunos, almuerzos, cenas, atracones. Abrazos, caricias, juegos. Tragos, cartas, más tragos, cigarros. Juergas. Noches. Beso.
Jodido. Rejodido. Eso si que nos jodió la vida. Porque para eso siempre estuvimos. Para hacernos la vida cuadritos, recuadritos y de triple reglón. Nos quisimos harto, es cierto, pero también nos hicimos harto daño.
El caso es que siempre estuviste allí. De lo más reservado con tus cosas. Porque a ti siempre había que sacarte las cosas con cucharita. Y ni se diga de los secretos... vaya que te los llevabas hasta la tumba.
¡En tu sala conversábamos hasta de condones broder! En esos muebles nos echábamos a alucinar. Simplemente a alucinar. Era una especie de conexión psíquica. Yo veía lo que tú. Y tú lo que yo. Hasta con proposición y todo me saliste. Porque se te ocurrió hacerlo conmigo. A mi no me pareció mala idea y acepté. Obvio que ahora en Ibaraki la conexión esta de la psiquis falla pes. Es por esas cuestiones de los satélites. La señal, creo, je. Debe ser por eso.
O debe se tal vez con el beso que se inició todo. Aquella noche en el Friethead. Bailando y libando, como dice el profe. Sudábamos, recuerdo. Nos sentamos en una mesa y ...
Y para qué que te digo que no si sí, a lo Chimoltrufia, chino. Esa noche nos rayamos pes. Hasta el queso. Porque tú ya salías con alguien, y a mí me gustaba otro pata. Y ahí me rayaste más. Porque me gustaste. Me hiciste un michi la vida.
A mí me duró un año de estar en eso de que lo quiero , pero es mi pata y que tú no querías malograrla. Al final, la cagamos aunque sea un poquito. Nos dejamos de ver por un tiempo. Nos extrañamos y nos volvimos a juntar.
Volvimos a estar en el mismo plan y todo terminó en que no pues, mejor no. Tú eres mi mejor amiga y yo no quiero malograrla. No quiero hacerte daño- obviando que ya la leche estaba derramada y que yo no podía estar peor- porque te quiero demasiado.
Y bueno, al final pasaron meses. Y ahí estábamos otra vez, alucinando juntos. Viendo pelis, jugando ocholocos, comiendo hamburguesas en la esquina y disfrutando yo de ser yo y tú de ser tú.
Tú podías olvidarte de tus méndigas frustraciones: de que no ingresaste a San Marcos, de que no la hiciste en la Agraria, de tu papá, de tu hermana, del viaje de tu mamá a Tokio y de Polka, también.
Yo me olvidaba de Cecilia, de Joyce, de Félix, de los golpes, de la universidad, del primer puesto, de los ‘agarres’ y de las pelusas de Nikita sobre el sofá, también.
Por el olvido de tantas cosas, fui a despedirte. A decirte que este nunca fue tu paradero. Que los cuadritos los pusiste porque sí, porque es indispensable que alguien siempre ponga los puntos sobre las íes en nuestras vidas.
Ya sé que tú odias las benditas despedidas. Que detestas tanta gente junta diciéndote, como en un funeral, lo mucho que te quieren, pero yo quise ir porque tenía tantas cosas que desearte. No me aguanté las ganas. Dije voy, y lo hice. Aunque ahora lo pensaría dos veces.
Aquella noche supe que esto no era Ibaraki. Que esto era Lima. Que no era yo la que estaba a tu lado, sino Paolita, tu enamorada, la que me puso cara de cuatro letras apenas me vio llegar. Creo que no le gustó nadita el verme ahí parada recibiendo los saludos efusivos de tu hermana y tu papi. No le gustó nada y tú te la pasaste de rodillas frente a ella tratando de ganarte una última sonrisa. Y yo pues, ahí de puro adornito, llena de cólera, porque apenas nos habíamos saludado y habían tantas cosas que nos teníamos que decir. Pero nada, porque no me preguntaste ni cómo estaba, y yo que me moría de ganas de hablarte y darte un abrazotote para que nunca me olvidaras.
Quería llorar, me sentí pésimo. Tú te ibas y yo qué. Yo nada, me largué al baño a odiarte, a querer hablarte, a…
Cuando salí, tú ya estabas despidiéndote. Primero los tíos, luego los primos y así sucesivamente. Llegaste a mí y yo que no quería ni mirarte. Las lágrimas me las retuve hasta que me abrazaste y me pediste disculpas por el silencio. Yo enmudecí por completo. Una vez más los cuadritos se trazaban en esta estación.
Porque la luna en la que ando todo el tiempo chino no es de Paita, es de Lima igual que este paradero. Que aquí no es Ibaraki, hombre, por enésima vez. Akira: este no es tu paradero. Ibaraki está en la otra esquina.
(*)IBARAKI. Prefectura japonesa ubicada al noreste de la región de Kanto . Conformada por tres ciudades : Mito, Tsukuba y Kashima.
Verdad pes ¿o no me crees?
Siempre debiste saberlo. Te equivocaste de paradero. Tú llegaste a Lima de purita casualidad, porque la cigüeña esa, se cansó de cargarte y te lanzó ‘pa 'ca y tu vieja no te iba a decir que no. No pes, ni modo, ya ‘tabas llegando.
¿Cómo es que te conozco? ¡A mí qué me preguntas broder!. Yo no tengo ni idea. A las justas sé donde estoy parada. Y eso que ni sé. No pues contigo nunca sé nada. ¿Acaso uno quiere saber cosas cuando solo tienes ganas de olvidarlas por completo? Porque yo sí que sé olvidarlas contigo.
Mamá siempre dice que yo me olvido de todo. Que ando distraída. Por las nubes. En la luna. Lo malo es que siempre me dicen en la luna de Paita. Cuando en realidad estoy en la única luna que veo. La de Lima pes ¿no? Y es en esa luna en la que me pierdo contigo.
¿Desde cuándo? Para qué preguntas. Tú lo sabes o me vas a decir que no te acuerdas, Ja ja ja. Tú estabas sentado en una carpeta. Tus manos grababan en ella un nombre. ¿Cuál? Por si acaso, no era el mío, ah. Era el de mi amiga de Dagiana. ‘Tabas templado de ella y necesitabas que te la presentaran. Hasta osito de peluche le habías comprado con tal de que aceptara salir contigo. Ahora que me acuerdo, eras de lo más monse. De lo más palteado pues. Porque cuando te la presenté, no dijiste ni papa. Tú si que eras una palta hecha hombre. Si te hubieras visto, Akira, eras el colmo con eso de los 'roches'. Que no, porque qué vergüenza. Dáselo tú, a ti te conoce, yo mejor te espero aquí.
Y así pues, tanto que esperaste. Nunca la hiciste con ella. Qué cagada. Pero bueno eso fue hace ya más de cuatro años. Osea, hace siglos ¿no?
¿Cuántas cosas sucedieron después? Uff... sí muchísimas. Tardes, noches, amanecidas, mañanas. Desayunos, almuerzos, cenas, atracones. Abrazos, caricias, juegos. Tragos, cartas, más tragos, cigarros. Juergas. Noches. Beso.
Jodido. Rejodido. Eso si que nos jodió la vida. Porque para eso siempre estuvimos. Para hacernos la vida cuadritos, recuadritos y de triple reglón. Nos quisimos harto, es cierto, pero también nos hicimos harto daño.
El caso es que siempre estuviste allí. De lo más reservado con tus cosas. Porque a ti siempre había que sacarte las cosas con cucharita. Y ni se diga de los secretos... vaya que te los llevabas hasta la tumba.
¡En tu sala conversábamos hasta de condones broder! En esos muebles nos echábamos a alucinar. Simplemente a alucinar. Era una especie de conexión psíquica. Yo veía lo que tú. Y tú lo que yo. Hasta con proposición y todo me saliste. Porque se te ocurrió hacerlo conmigo. A mi no me pareció mala idea y acepté. Obvio que ahora en Ibaraki la conexión esta de la psiquis falla pes. Es por esas cuestiones de los satélites. La señal, creo, je. Debe ser por eso.
O debe se tal vez con el beso que se inició todo. Aquella noche en el Friethead. Bailando y libando, como dice el profe. Sudábamos, recuerdo. Nos sentamos en una mesa y ...
Y para qué que te digo que no si sí, a lo Chimoltrufia, chino. Esa noche nos rayamos pes. Hasta el queso. Porque tú ya salías con alguien, y a mí me gustaba otro pata. Y ahí me rayaste más. Porque me gustaste. Me hiciste un michi la vida.
A mí me duró un año de estar en eso de que lo quiero , pero es mi pata y que tú no querías malograrla. Al final, la cagamos aunque sea un poquito. Nos dejamos de ver por un tiempo. Nos extrañamos y nos volvimos a juntar.
Volvimos a estar en el mismo plan y todo terminó en que no pues, mejor no. Tú eres mi mejor amiga y yo no quiero malograrla. No quiero hacerte daño- obviando que ya la leche estaba derramada y que yo no podía estar peor- porque te quiero demasiado.
Y bueno, al final pasaron meses. Y ahí estábamos otra vez, alucinando juntos. Viendo pelis, jugando ocholocos, comiendo hamburguesas en la esquina y disfrutando yo de ser yo y tú de ser tú.
Tú podías olvidarte de tus méndigas frustraciones: de que no ingresaste a San Marcos, de que no la hiciste en la Agraria, de tu papá, de tu hermana, del viaje de tu mamá a Tokio y de Polka, también.
Yo me olvidaba de Cecilia, de Joyce, de Félix, de los golpes, de la universidad, del primer puesto, de los ‘agarres’ y de las pelusas de Nikita sobre el sofá, también.
Por el olvido de tantas cosas, fui a despedirte. A decirte que este nunca fue tu paradero. Que los cuadritos los pusiste porque sí, porque es indispensable que alguien siempre ponga los puntos sobre las íes en nuestras vidas.
Ya sé que tú odias las benditas despedidas. Que detestas tanta gente junta diciéndote, como en un funeral, lo mucho que te quieren, pero yo quise ir porque tenía tantas cosas que desearte. No me aguanté las ganas. Dije voy, y lo hice. Aunque ahora lo pensaría dos veces.
Aquella noche supe que esto no era Ibaraki. Que esto era Lima. Que no era yo la que estaba a tu lado, sino Paolita, tu enamorada, la que me puso cara de cuatro letras apenas me vio llegar. Creo que no le gustó nadita el verme ahí parada recibiendo los saludos efusivos de tu hermana y tu papi. No le gustó nada y tú te la pasaste de rodillas frente a ella tratando de ganarte una última sonrisa. Y yo pues, ahí de puro adornito, llena de cólera, porque apenas nos habíamos saludado y habían tantas cosas que nos teníamos que decir. Pero nada, porque no me preguntaste ni cómo estaba, y yo que me moría de ganas de hablarte y darte un abrazotote para que nunca me olvidaras.
Quería llorar, me sentí pésimo. Tú te ibas y yo qué. Yo nada, me largué al baño a odiarte, a querer hablarte, a…
Cuando salí, tú ya estabas despidiéndote. Primero los tíos, luego los primos y así sucesivamente. Llegaste a mí y yo que no quería ni mirarte. Las lágrimas me las retuve hasta que me abrazaste y me pediste disculpas por el silencio. Yo enmudecí por completo. Una vez más los cuadritos se trazaban en esta estación.
Porque la luna en la que ando todo el tiempo chino no es de Paita, es de Lima igual que este paradero. Que aquí no es Ibaraki, hombre, por enésima vez. Akira: este no es tu paradero. Ibaraki está en la otra esquina.
(*)IBARAKI. Prefectura japonesa ubicada al noreste de la región de Kanto . Conformada por tres ciudades : Mito, Tsukuba y Kashima.
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gracias again.
Di
PD: Kien será el anónimo...
si uno no esta donde el cuerpo
sino donde mas lo extrañan
y aqui se te extraña tanto
Tu sigues aqui sin ti conmigo
quien esta contigo si ni siquiera estas tu". Aunque parece que su paredero no era aquí, o se equivocaron y en vez de darle el rojo se lo cambiaron por el boleto verde el que lo llevo hasta tan lejos.
P.D. lo prometido es deuda y yo cumplo tarde pero cumplo.